Mi calefón

Un cabeza de termo trata de ponerla para olvidarse de que le cortaron el gas.

Mi calefón – Capítulo 3

El administrador dijo que después de la denuncia del vecino había venido Ricardo, el gasista histórico, que había recomendado meter un par de rejillas en la sala del gas y correr unos centímetros la tortuga antiexplosiva.

 

La “tortuga antiexplosiva”, dijo, y me imaginé a Ricardo como Splinter, el sensei de las Tortugas Ninja, una rata horrible y gigante que andaba en bata y eso cuando sos chico te parece natural.



–Lo que pidió Ricardo ya lo reformamos, pero él no se anima a firmar los papeles para pedir la reconexión porque vio algo que no le gustó –relató el administrador y de la rata Splinter pasé a imaginarme al Lole Reutemann.

 

El alegato que hizo sobre el gasista es que una vez que presentan los papeles en Metrogas tienen 10 días para corregir alguna irregularidad que encuentre el inspector. Y si el error del primer diagnóstico del gasista no se puede corregir en 10 días, lo sancionan, lo pueden suspender y hasta mandarlo a Guantánamo, pobre criatura.

 

El edificio tiene 60 años, los putos de Metrogas piden normas siglo XXI después de Cromañón, pero la culpa es del cagón de Ricardo y en eso coincidimos todos menos el administrador.

 

La encendida defensa que el administrador hizo de Ricardo despertó el apetito de Marita, que aprovechó el momento de debilidad del notario para lanzar, con la crueldad que sólo puede tener una guerrera de consorcio que ya se cargó mínimo a 3 plomeros, dos fumigadores y por qué no al anterior administrador:

 

–¿No será hora de cambiar de gasista? No es la primera vez que Ricardo nos trae problemas.

 

El administrador acusó el golpe, un upper al hígado, que según los boxeadores de Córdoba casi Azcuénaga tiene 60 por ciento más chances de noquear que un castañazo en el mentón.

 

El líder la dibujó con que necesitábamos otro gasista matriculado para zafar en esta ocasión, pero que no veía por qué desprenderse para siempre de Ricardo, con todo lo que había ayudado en estos años.

 

Lo que Ricardo vio y no le gustó no bajaba de las 300 lucas, lo que incluso superaba a la “Gran Reforma”. La Gran Reforma no era un hito histórico de México o algo por el estilo, sino el cambio de toda la cañería que años atrás los había dejado 14 meses sin gas, esa por suerte me la perdí.

 

La flaca medio fea recordó que la anterior denuncia anónima había desembocado en la Gran Reforma y que ya era momento de pensar en quitar el gas del edificio y vivir a duchas eléctricas y otros instrumentos insólitos como la vaporera.

 

El hermano quinielero la frenó y dijo lo más sensato del día: –Busquemos un matriculado que firme, se haga el boludo, le pagamos la coima y listo.

 

Las palabras coima y boludo causaron escozor en la tribuna más veterana, pero firmamos todos en el libro de actas y nos saludamos.

 

Cuando me estaba yendo para la calle la flaca medio fea me frenó y me pidió el mail, como para avanzar en la rosca de eliminar el gas y pasarnos al primer mundo. Rosca hasta en el consorcio, cómo no iba a tener éxito House of Cards en Argentina.

 

¿No habrá sido ella la de la denuncia? ¿No tendrá un tongo con Garbarino, para ir a medias con la venta de electrodomésticos a edificios sin gas? Todas preguntas que se harían Kablan o Mauro Szeta, yo le di el mail por si había chances de coger.

Capítulo 4 ►




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