Killer

En el bar me esperaba Mariela, que acababa de cortar con el novio. El virgo dejó el Facebook abierto con cinco pestañas de chats y sendas fotos de su pijita.

Killer – Capítulo 5

Ona Sáez se tomó unos días para agregarme al Face. Son especialistas para encontrarte. Si te vieron diez minutos en una fiesta a la que fuiste disfrazada del hombre araña te encuentran igual.

 

Chateamos un par de veces y me hizo reír. Hice las preguntas correctas para asegurarme de que no fuera el sátiro de la bicicleta. Él no volvió a ir a la clase de running porque los leones no se dejan mostrar dos veces ante la presa.



Le pregunté a un par de amigas si correspondía aceptar la cita tan rápido. Una me dijo que no se encontraba con nadie antes del primer mes de chat intenso. Le hice caso a la que me dijo lo que tenía ganas de escuchar:

 

–Yo voy a citas por Tinder con sólo ver una foto de un cuello y acá me ves, vivita y culeando.

 

Ona Sáez me propuso hacer la ruta del moscato entre Güerrín, Banchero y La Americana. Supe que era para ponerme en pedo y bajar el hándicap del hoyo, pero la idea me gustó.

 

Camino a Güerrín, hice como que hablaba por teléfono para evitar a los standaperos de Paseo la Plaza.

 

Ona estaba empapado en un perfume de Calvin Klein y cuando pasa eso no sabés si es un obsesivo de la limpieza o un sucio que se baña sólo los martes.

 

Me habló de su ex antes de la primera fainá.

 

–¿Qué rompimos? –dijo cuando llegó la cuenta y pensé que me había cruzado con otro roedor.

 

Pero se ofreció a pagar él y como yo todavía no cobraba, me dejé. Preferí combatir el patriarcado otro día.

 

Fuimos a su casa en su moto y el viento me despeinó.

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TermoKiller – Capítulo 5