Killer

En el bar me esperaba Mariela, que acababa de cortar con el novio. El virgo dejó el Facebook abierto con cinco pestañas de chats y sendas fotos de su pijita.

Killer – Capítulo 3

La computadora de mi escritorio tenía bloqueado el acceso a Facebook, como en Irán. Hice tiempo hasta que se cumplió mi horario y deduje que en ese laburo no iba a encontrar otra satisfacción que la del aguinaldo y la obra social.

 

Cuando me estaba por ir, se acercó un flaco alto, con voz parecida a la de Quico.



–No te comiste el Nugaton –me dijo para confesarse como el autor material del gesto de bienvenida, siempre en el límite de la buena onda y la grasada. No estaba tan mal, pero usaba camisa escocesa.

 

“Sí, me lo comí, lo vomité y lo envolví de nuevo”, fue la respuesta que le hubiera dado de no ser porque preferí guardarme el cinismo para la segunda semana.

 

–Es que me estoy cuidando, pero gracias –le mentí.

 

–No parecés de las que necesiten cuidarse –insistió y le clavé el visto humano.

 

El chequeo de las 200 aplicaciones del smartphone es ideal para eso. La vida es más llevadera, como cuando no mirás linyeras a los ojos.

 

-Te dejo tranquila, un gusto –asumió la derrota y sumó algún punto en el conteo final.

 

En el 29 de vuelta a casa no me miraron las tetas durante 8 paradas y me sentí en armonía con la sociedad. Pero cuando llegué vi la solicitud de amistad de Quico y pensé que ya era hora de comprar gas pimienta.

 

-No seas exagerada, Flor –me retó mi mejor amiga cuando le conté por audio–. Aparte coger un poco no te vendría mal.

 

A otra la hubiera mandado a la mierda, pero ella sabía de tipos intensos porque el boludo del ex novio se había suicidado por despecho tirándose del Obelisco y salió hasta en Al Jazeera.

 

Lo acepté a Quico. Tocaba la guitarra y no subía selfies.

Capítulo 4 ►
TermoKiller – Capítulo 3