Killer

En el bar me esperaba Mariela, que acababa de cortar con el novio. El virgo dejó el Facebook abierto con cinco pestañas de chats y sendas fotos de su pijita.

Killer – Capítulo 1

En la Aspen estaban pasando New Order y el viento me golpeaba la cara por Libertador. Hasta ahí bien.

 

Unilateral, el tachero puso AM. Hablaban del tipo que apareció muerto con una tanga en la boca.



–Sin ofender, doña, pero yo me quiero morir así–, me dijo en medio de una carcajada falsa y me miró. Debe haber algún castigo para los que se ríen antes de terminar de contarle algo a un extraño. Encima doña.

 

–En mi vida tuve muchas minas pero nunca una mujer–, insistió y me guiñó el ojo. Deduje que era uno de los que acomoda el retrovisor para vernos la bombacha.

 

–Aguante Uber –le dije al bajar en Callao y Lavalle y me mandó a la concha de mi hermana. Le miré la patente y la anoté en el bloc de notas del celular.

 

En el bar me esperaba Mariela, que acababa de cortar con el novio. El virgo se dejó el Facebook abierto con cinco pestañas de conversaciones y sendas fotos de su pijita.

 

En Los Galgos pusieron luces led, barrieron y sirven tragos con albahaca que a veces parecen un puchero frío. No está más el mozo de 100 años que te traía un pebete de salame y queso por más que no estuviera en la carta.

 

Brindamos porque al menos yo había conseguido trabajo. Mariela se bajó Tinder después de la segunda birra y le dije que admiraba su facilidad para seguir adelante.

 

–Yo lo mato y le dejo una tanga en la boca –le dije y sonrió sin sacar la vista del celular. Ya había pegado un match con un flaco que tenía todos los dientes.

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TermoKiller