Cabeza de Termo – Capítulo 2

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Relato del origen del cabeza de termo, una especie en continua e inevitable expansión.

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La primera semana después de la ruptura fue una garcha. No porque la extrañara y esas mariconadas, sino porque el cerebro se te sale del cráneo y de un pestañeo te empezás a cuestionar por haber nacido, como si te llegara la factura del gas. Cuando tenés a alguien al lado, todo se soluciona mirando una película bastante de mierda, garchando aunque sea mal y hablando lo menos que puedas.

 

Por más que parezca una pavada, intenté aprovechar la ruptura para empezar a escribir una novela. No sé de dónde sacaron que cuando estás en una situación de esas, te viene la inspiración para hacer otra cosa que no sea un bife a la criolla.



Arranqué como cinco novelas en los primeros días en los que ya podía sobrevivir sin llorar todo el tiempo como un ganso. En vez de empezar por un cuento corto, una carta y no digo un poema porque los poemas son de puto, arranqué novelas que duraron un párrafo y un click hacia la papelera de reciclaje.

 

Probé con un adolescente consternado por el maltrato de sus compañeros, un detective falopero, un vendedor ambulante que se convierte en presidente y todas esas cosas que te copiás del cine para embocarle más o menos a alguna fórmula y que alguien te reconozca que sos escritor.

 

Calculo que lo que más me motivó fue imaginarme ese momento en el que me encontraría con la conchuda un par de años después para tirarle mi best seller arriba de su camisón lleno de migas de pan.

 

Pero llegó el fin de semana y no tuve otra alternativa que irme de putas, como para sacarme la mufa. Irse de putas triste es suicida. Tuve que elegir entre una paraguaya y un travesti santiagueño. Elegí la paraguaya porque no estaba tan en pedo para ser nacionalista y que me rompieran el orto. Se llamaba Rosalinda, Rosemary o de cualquier forma que dejara en claro que era una puta paraguaya.

 

Me la chupó mal. Cuando quise acordar escuché los golpes en la puerta que indicaban que se me había terminado el turno. Le sugerí de seguir hasta acabar y me puteó en bilingüe. Pocas cosas te tiran más abajo que el rechazo de una puta, encima paraguaya.

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