Cabeza de Termo

Relato del origen del cabeza de termo, una especie en continua e inevitable expansión.

Cabeza de Termo – Capítulo 1

La conchuda de mi ex me dejó porque yo usaba el pijama hasta las seis de la tarde.

 

–Con tu próxima novia tratá de no mostrarte en pijama a las seis de la tarde, jaja –me sugirió en una conversación posterior a la ruptura, mientras tomábamos unos mates en una plaza y fingíamos escuchar la banda de un amigo que te hacía doler las muelas. Así lo dijo, como quien aconseja no abrir el horno mientras se está haciendo el bizcochuelo.



La banda estaba tocando un tema de Metallica o una mierda por el estilo y el pasto estaba húmedo. Apenas me dijo esa frase, hice como que me lo tomé bien, me reí un poco, pero después de un rato, interpreté lo que ella quería decir y me sentí para el carajo.

En ese momento yo no tenía laburo y ella sí. Eso la hacía sentirse muy bien con ella misma y todo eso. Pero no conmigo. Y cuando uno se siente bien consigo mismo, tiende a prescindir del resto de la humanidad. Jaja.

 

Yo me había metido a estudiar Periodismo hacía algunos años y también me había anotado en unas materias en Letras porque tenía la fantasía de ser escritor. En Letras había buenos culos y duré menos que un pedo en una canasta.

 

Me llevó bastante tiempo asumir que las fantasías no te llevan ni a la esquina si no sentás el culo en la silla. Y nunca tuve ganas de sentar el culo en la silla para otra cosa que no fuera hacerme la paja delante del monitor. En pijama, sí.

 

Ni siquiera me seducía la idea de vivir de mis libros. Calculo que sólo me conformaba con parecerme a un escritor: fumar mucho, andar en sobretodo y tomar cerveza. Pero no fumo, el sobretodo me hace parecer un virgo y bueno, la cerveza sí. Hasta intenté usar una máquina de escribir que era de mi abuelo, como para darle al asunto una vuelta de tuerca retro. Y también probé con ponerme música clásica al palo, pero la inspiración había sido de ellos.



La única verdad es que me daba mucha paja escribir y me resigné hace tiempo. Es probable que la conchuda haya olfateado de antemano que yo me iba a resignar. Por ahí la idea de salir con un tipo escritor la calentó un tiempo, pero si no les das resultados rápidos se buscan a otro tipo que se los dé. Un plomero o un astronauta, es todo lo mismo, nos vamos a morir igual y todo eso.

 

A las minas al principio les prende la mecha que te hagas el intelectual o el rebelde, pero después de un rato quieren algo más estable. Un tipo que no sobresalga tanto del resto. No quieren que seas un pelotudo pero casi, siempre y cuando las lleves a pasear en auto, no te tires pedos en las reuniones familiares y todo eso.

Capítulo 2 ►

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